Aun es posible
Lo que hoy me anima a escribir es una extraña experiencia que viví esta misma semana. Yo me dirigí a un banco de una zona verde de mi ciudad en busca de paz y tranquilidad que aquel día (como tantos otros) brillaba por su ausencia en mi casa. Llevé conmigo un libro (Ébano de Riszard Kapuscinsky) que trata las guerras y penosa situación de un continente olvidado: África. Quizás en otro momento me atreva a hablarles de dicho libro del que todavía disfruto, pero lo que voy a relatarles me impactó mucho más.
Como les he comentado, estaba sentado en un banco con césped sobre mis pies y una fuente que emitía un sonido continuo y relajante cuando se me acercó un anciano que venía de caminar desde el puente de Calatrava (unos 7 Km. calculo). Me preguntó si se podía sentar y yo complaciente me levanté para concederle el deseo. Tras varios instantes de incómodos silencios y conversaciones que no llevan a nada - conversaciones de ascensor las llamo yo, ya me entienden: "Qué día hace hoy" y cosas por el estilo- nos vimos envueltos en un diáologo de temática muy variada. Hablamos de política, de la juventud, del consumo... Vi en la cara de aquel hombre lo que yo desearía ser cuando tuviera su edad (que por educación me abstuve de preguntar) y sin comerlo ni beberlo en aquel banco disfrutamos durante largo tiempo de una conversación inolvidable para ambos. Él compartió conmigo amargos recuerdos de la guerra, de su vida en tiempos difíciles para nuestro país y yo me mostré crítico con la situación actual, con la actitud de la juventud (soy consciente del error de generalizar).
Cuando nos despedimos me dijo su nombre y me aclaró que volvería por allí casi todos los días a la misma hora. Yo ahora me pregunto: ¿Seré lo suficientemente valiente para escapar de la rutina y del agobio del tiempo para volver a verle?,¿Por qué aquel extraño causó en mi tan grata impresión y le escuché con admiración cuando todavía tengo el privilegio de tener a mis dos abuelas conmigo?
De todo lo que se puede sacar en claro de esta experiencia me quedaría con el hecho de que el estrés y la rutina nos absorben de tal manera que somos incapaces de darnos a los demás. El tiempo no perdona. La cuestión no es cuánto le queda a este anciano en este mundo, la cuestión es cuándo aprenderé (aprenderemos) a valorar el tiempo y a vivir dignamente.
Como les he comentado, estaba sentado en un banco con césped sobre mis pies y una fuente que emitía un sonido continuo y relajante cuando se me acercó un anciano que venía de caminar desde el puente de Calatrava (unos 7 Km. calculo). Me preguntó si se podía sentar y yo complaciente me levanté para concederle el deseo. Tras varios instantes de incómodos silencios y conversaciones que no llevan a nada - conversaciones de ascensor las llamo yo, ya me entienden: "Qué día hace hoy" y cosas por el estilo- nos vimos envueltos en un diáologo de temática muy variada. Hablamos de política, de la juventud, del consumo... Vi en la cara de aquel hombre lo que yo desearía ser cuando tuviera su edad (que por educación me abstuve de preguntar) y sin comerlo ni beberlo en aquel banco disfrutamos durante largo tiempo de una conversación inolvidable para ambos. Él compartió conmigo amargos recuerdos de la guerra, de su vida en tiempos difíciles para nuestro país y yo me mostré crítico con la situación actual, con la actitud de la juventud (soy consciente del error de generalizar).
Cuando nos despedimos me dijo su nombre y me aclaró que volvería por allí casi todos los días a la misma hora. Yo ahora me pregunto: ¿Seré lo suficientemente valiente para escapar de la rutina y del agobio del tiempo para volver a verle?,¿Por qué aquel extraño causó en mi tan grata impresión y le escuché con admiración cuando todavía tengo el privilegio de tener a mis dos abuelas conmigo?
De todo lo que se puede sacar en claro de esta experiencia me quedaría con el hecho de que el estrés y la rutina nos absorben de tal manera que somos incapaces de darnos a los demás. El tiempo no perdona. La cuestión no es cuánto le queda a este anciano en este mundo, la cuestión es cuándo aprenderé (aprenderemos) a valorar el tiempo y a vivir dignamente.

2 Comments:
Estoy intrigada por tu comentario sobre el libro...Ya contaras...
Besos desde africa,Maria
(gracias por firmarme,buenas criticas)
C-6...wow niño y tienes 18?????? ojala mas gente de tu edad pensara como vos...te lei primero en los comentarios de Marya y me pareciste muy interesante, cuando decidi leer tu blog me asalto la sorpresa al ver tu edad y mucho mas ahora al leerte...por aqui andare mas seguido...un beso desde Argentina
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